martes, 20 de abril de 2021

La escoria humana más viva que nunca

 



Esta tarde vi por Twitter este cartel del metro de Madrid. Retuiteé mostrando mi indignación y en poco tiempo decenas de "haters" salieron en defensa del argumento expuesto en el mural.

Todo en esa imagen es fruto de una mente repleta de odio o psicopatía. Yo creo que más bien lo primero ya que un psicópata no se entretiene en generar odio sino que va directamente a lo suyo pasando por encima de quien sea.

Una abuelita apenada junto a un joven tapado al que sólo se le ven los ojos intuyendo peligrosidad o criminalidad. Una comparación económica que no viene a cuento y que además es falsa. Simple. Pero efectivo. Exactamente la misma táctica de la Alemania nazi con los judíos: señalamiento público, culpabilización de todos los males que adolecen al "buen" ciudadano, márketing, discursos racistas con un supremacismo cada vez menos disimulado para llegar más tarde al encarnizamiento, a la agresividad de la masa, ceguera social y finalmente violencia descabellada. Eso propusieron los nazis en los años 30 y eso mismo proponen hoy los militantes de ese partido financiado desde los intereses ocultos que sostuvieron al franquismo y que hoy hacen una nueva cruzada viendo peligrar lo que tantos años han mantenido intacto. Y ya sabemos que la población española no es precisamente de las más formadas ni educadas críticamente de entre los países del hemisferio norte. Y ya sabemos que los índices de paro juvenil y adulto y el malvivir en que nos han metido nuestros gobernantes tutelados por los poderes ocultos lleva a un malestar supino. Y ya sabemos todo esto. Pero ellos también lo saben y son grandes conocedores de la reacción de la masa más maltratada y con menor conciencia social o cultural. Lo saben y atacan por ahí. Es uno de los principios básicos de la ultraderecha: provocar que los parias de la sociedad (que cada vez lo son más las clases medias) encuentren a los verdaderos culpables de su situación y los ataquen bajo la tutela de algún partido populista que justifique primero el malestar y en posteriores fases también la violencia.

 

Hoy esos repulsivos seres que publican los carteles atacan al colectivo de niños y adolescentes extranjeros sin referencia familiar en España. Los atacan a ellos porque han conseguido crear un estado de opinión repleto de falsedades con el objetivo de hacer ver al ciudadano desinformado que los ingresos que le faltan a él son traspasados a la ayuda de un colectivo criminal, ilegal y extranjero que no merece ningún soporte sino sólo la expulsión (no se atreven, de momento y no por ganas, a proponer otras medidas). Y miles de ciudadanos compran ese argumento de manera acrítica y descerebrada para poder tener una mínima catársis que les permita soportar sus existencias sin futuro.

 

El simple hecho de la denominación de un colectivo infantil como "menas", adjudicando en un solo vocablo una realidad compleja y multidimensional reducido a cuatro letras deshumanizadas, desnutridas de cualquier ética para con otro ser humano que además es menor, da a entender las maquiavélicas tácticas que esas personas -por denominar de alguna manera- emplean. No respetar a un niño me parece de salvajes y de seres despiadados. Me encantaría poder comentárselo al jefe/a de campaña de ese partido a la cara complementándolo -seguramente sin poder evitarlo- con alguna definición subjetiva de su persona.

 

Yo he trabajado durante muchos años con ese colectivo. Los primeros chavales en la calle que vi fue en la Barcelona del 2001. Trabajé con ellos hasta 2007 y más que siglas vi personas. Hoy día muchos de aquellos niños son padres de familia, trabajadores honestos y algunos muy formados y extremamente competentes, adultos comprometidos con su sociedad. Algunos otros tuvieron trayectorias complejas golpeados por la droga y la justicia y unos pocos murieron en soledad. Conozco a jefes de sala en restaurantes, responsables de mantenimiento en grandes organizaciones sociales, educadores, un ingeniero, un productor musical, cocineros, comerciales, un taxista, una maestra y hasta un pequeño empresario. Todos ellos eran lo que esa escoria humana denomina "Mena" como si de mierda se tratara. Todos ellos no aportarían a nuestra sociedad si se les hubiera expulsado. Todos ellos son hoy ciudadanos como tú y yo y nadie tiene derecho a sesgar vidas que empiezan, a no dar oportunidades a niños y niñas o a criminalizarlos. Entiendo bien que, pese a mis palabras de desprecio por la gentuza que abandera esas causas, el camino no es la confrontación sino la educación, información y objetividad. Lo entiendo y a veces me siento -como hoy- algo exhausto por tener que escribir todo esto, para mí un ABC de humanidad pero para capas importantes de la población algo desconocido.

 

No sé para dónde se dirige nuestra sociedad pero me da mucho miedo. Estamos controlados y sojuzgados por gente sin escrúpulos que forma a millones de ciudadanos acríticos desde los medios de comunicación y desde su influencia en la educación. A mi parecer corremos un grave peligro. Nuestra respuesta ante la brutalidad y la injusticia cada vez es más tibia y ello lleva a normalizar una realidad que en breve nos va a llevar a ser esclavos de un sistema "feliz" que ya algunos grandes como Orwell, Huxley o Bradbury predijeron. Estamos a las puertas sino es que ya hemos atravesado el umbral.