lunes, 23 de noviembre de 2020

No eduquemos en la fe inquebrantable en el poder. Por favor.

 

Este 2020 ha conseguido que muchos ciudadanos de este estado (y seguramente de otros muchos) empecemos a normalizar situaciones hasta hace bien poco surrealistas tales como el famoso "toque de queda", la distancia social, el estar en silencio en los transportes públicos, no poder comer por la calle, la omnipresente mascarilla, los grupos de no más de seis personas, parques infantiles y actividades extraescolares cerradas, los policías de balcón, calles desiertas, pequeños negocios en quiebra, ertes, ertos, familias antaño donantes de alimentos ahora recibiéndolos, discusiones callejeras acerca del no respeto de la distancia, no abrazarnos ni besarnos, amantes separados, ligones y ligonas habituales subiéndose por las paredes, sanitarios desquiciados, mensajes de "juntos podemos", aumentos de sueldo salvajes a las fuerzas del orden, omnipresencia mediática de llamadas a la responsabilidad/obediencia ciega colectiva y un largo etcétera de situaciones cotidianas de nerviosismo, intranquilidad y desconcierto. Sólo hace falta salir a hacer la compra una tarde y observar al personal, el cuidado con el respeto de la distancia, las miradas de rabia hacia el que lleva la mascarilla mal puesta, los vecinos que se hablan a dos metros, las abuelas que se encuentran a los nietos y no les pueden tirar de los mofletes con gran alivio para los pequeños. Sólo hace falta observar un poco el movimiento en las escuelas, con niños separados por grupos burbuja que no pueden jugar ni hablar con sus amigos del "otro grupo", que se mueven de manera autómata por los pasillos de la escuela y caminan siguiendo las instrucciones enganchadas con señales de colores en el suelo, que hacen deporte escolar con la mascarilla puesta y empiezan a ver tan normal los controles policiales, las multas, el que sus padres y madres separados lleven "salvoconductos" para poder llevarlos de una a otra casa o que no puedan disfrutar de las reuniones familiares con sus primos y primas. 

 

Este 2020 ha conseguido todo esto y mucho más en nuestras vidas cotidianas. Sin ser un conspiranoico negacionista ni nada similar sólo diré que esta distopia en la que vivimos sería el máximo orgasmo de los poderes que pretenden una sociedad "feliz" mansa, obediente y productiva dónde los propios ciudadanos ejercen la violencia estructural en formato de broncas, acusaciones y demás hacia sus semejantes en bravo apoyo a las fuerzas policiales que asumen nuestro cuidado colectivo y nos protegen de los incívicos, "negacionistas", irresponsables horribles a los que hay que multar o enjuiciar severamente… más allá de que se trate de adolescentes o jóvenes que necesitan vivir su espacio de grupo por pura evolución psicológica o se trate de personas con enfermedades mentales o de simples adultos que no acaban de encajar todo lo que está ocurriendo.

 

Nos venden que debemos ser responsables. Este valor lo igualan al de la obediencia ciega de tal modo que no existe la posibilidad de discusión. Discutir sobre las medidas nos coloca en el saco del negacionísmo y este nos equipara mediáticamente a la locura de la extrema derecha o a otros friquismos desaforados. No hay vuelta de hoja.

 

Este fin de semana disfruté con mi pareja de un paseo por toda la sierra de Collserola desde Torre Baró hasta el parque del Tibidabo. Disfrutamos de un sábado agradable junto a cientos de barceloneses/as ávidos de montaña, paseos y aire libre. Descubrimos lugares nuevos y sentimos gran felicidad por pequeñas cosas… es simple, pero tal vez de esto va la vida.

Una vez llegados a media tarde a la parte más alta del Tibidabo convergimos con varios grupos de personas (excursionistas, ciclistas y otros) y nos sentamos en pequeños grupos separados a varios metros por la zona para poder comer unos merecidos bocadillos (de atún y sardinas para más señas). Era un momento plácido. El sol de la media tarde bañaba las frentes de las decenas de excursionistas y curiosos que andábamos por ahí sentados en el suelo comiendo, charlando y disfrutando las vistas del sur de nuestra sierra condal. Junto a mi pareja revisábamos las fotos de lugares descubiertos por la mañana, nos reíamos y mirábamos al resto del personal que andaba por allí con las precauciones que la pandemia nos exige. Unos bancos apostados al sur estaban precintados por el ayuntamiento para que la gente no se pudiera sentar. Bancos dónde deben caber no más de cuatro personas. Bancos separados unos cinco metros el uno del otro. Precintados. Bancos dónde daba el sol de media tarde directamente. El precinto era muy leve, casi anecdótico. Mi pareja me dijo si me quería sentar en ellos y yo, más por pereza de levantar el culo de dónde estaba que por otra cosa, le comenté que ya estaba bien en el suelo. Tres jóvenes excursionistas llegaron entonces y los ocuparon para tomarse un café para llevar que habían comprado en la única tienda abierta y dar cuenta de la merienda que llevaban en sus mochilas. Las escasas veinte personas que disfrutábamos ese momento teníamos un momento de paz y tranquilidad que se truncó con un coche de la guardia urbana barcelonesa que frenó atropelladamente enfrente del banco con los tres jóvenes. Un agente bajito y regordete salió del auto rápidamente cómo si persiguiera a un atracador y con la voz más alta que pudo dijo "qué bien! El ayuntamiento de Barcelona os ha reservado un espacio especial para que os sentéis tranquilamente aquí! qué suerte tenéis chicos!" Y con esa palabrería de proyecto esmirriado de macarrilla que sabe que tiene las de ganar el agente siguió con su discurso culpabilizador de mierda pidiendo la documentación y avisando que iban a caer multas por saltarse el precinto ridículo, tener la mascarilla bajada, etc. El remanso de paz se convirtió rápidamente en un barullo de personas que huían del lugar disimuladamente con el fondo de una acalorada discusión en que uno de los tres chicos argumentaba al agente que se estaba tomando un café y supongo que también recriminaba la chulería del funcionario y las poco ortodoxas formas. Tras los multazos y media hora de documentación y otros trámites los chicos se largaron del lugar indignados y quejándose en voz alta, motivo por el que el mismo Clint Eastwood regordete se dirigió a paso rápido tras ellos cuando ya estaban a unos cien metros supongo que sintiéndose herido en su orgullo de guardián de la ley. Su compañero agarró el coche y rápidamente avanzó para intentar cortarles el paso. Menos mal que el chaval más indignado empezó a bajar la cuesta con celeridad y sólo su amiga -algo más conciliadora- evitó lo que a todas luces iba a terminar en una detención por desacato o qué se yo… horas más tarde, ya entrada la noche, otro agente del mismo cuerpo le asestó un par de tiros en el abdomen a un sintecho que -según él- le iba a atacar con una arma blanca. No atinó a usar otro método o incluso, encontrándose en peligro de muerte, de pegarle un tiro en la pierna. No. Fue más eficaz dispararle en el abdomen. Sin ser ningún perito forense ni criminólogo intuyo al ver los videos del momento que circulan por la red que en ningún momento se percibe esa situación límite de ataque que justifique esa violencia. Yo más bien observo a un transeúnte que parece simplemente andar y que a mi juicio diría que se aparta del lugar con calma tensa. Pero… ¿qué sabré yo? En nuestra sociedad y en la nueva panacea de control social en la que andamos metidos nunca el ciudadano tendrá la razón y la sombra de la sospecha recae en cualquier persona que ponga en duda la voz  de los amos reverberada por las placas de los agentes que "cuidan" de nosotros y se esmeran en recrear la convivencia, la seguridad y la paz que han sido redactadas en lejanos decretos para nosotros.

 

Si alguien lee estas líneas y percibe que critico a los cuerpos de seguridad pues debería saber que no es así y que en la inmensa mayoría de casos aplaudo su labor (menos cuando se trata de GC y PN desplegados en mi tierra, de mossos antidisturbios excitados o de municipales con los papeles extraviados) y entiendo que se enfrentan a situaciones muy complejas que les ponen a prueba como seres humanos. Tal vez por ello en general cobren mucho más que un maestro, una doctora, un bombero o una educadora social …digo yo. Nótese cierta ironía. Gracias.

 

Estos últimos años nos hemos ido acostumbrando progresivamente a la audaz judicialización de la protesta ciudadana; a términos manipulados como los "delitos de odio", a demandas judiciales contra la libertad de expresión, a la persecución de expresiones artísticas y a un discurso impulsado desde los medios cercano a lo que un psicoanalista tildaría metafóricamente como castración social o control del impulso. Y además, todo ello, mezclado con un creciente fervor colectivo hacia las medidas de "responsabilidad" a menudo confundidas con civismo y bondad. Yo no soy nada más que un barcelonés de mediana edad, papá, trabajador de la educación social, hipotecado y excursionista dominguero, pero creo que todo lo que estamos viviendo va a tener unas gravísimas consecuencias en nuestras vidas y en las de los niños, niñas y jóvenes que acompañamos que observan a su alrededor y se empapan de un sentir ciudadano, de un discurso colectivo y de una probable fe inquebrantable en que el poder quiere lo mejor para nosotros y, seamos serios, con pandemia o sin pandemia, esto jamás en la historia no ha sido, ni fue, ni será así.

 


lunes, 2 de noviembre de 2020

"David, soy feliz"

 


Cumplimos ya el noveno mes de suplicio colectivo envueltos en esta pandemia de mierda que ha sumido a gran parte de los países ricos en una situación de incertidumbre y semi caos como no habíamos visto aún en el siglo XXI. Y insisto en los países ricos ya que los pobres ya están -por desgracia- mucho más habituados que nosotros a lidiar con la inseguridad, el miedo y la inestabilidad permanente.

Empezamos un mes de noviembre repleto de desmanes de todo tipo. No sabemos aún el alcance de lo que nos espera por vivir ya sea en lo relativo a la salud, como a la economía doméstica o la vida social con la espada del confinamiento pendiendo encima de nuestras cabezas. Esa incertidumbre junto a la certeza de muchos hogares que ya han empezado a tocar fondo tras meses de ertos sin cobrar, pequeñas empresas que se fueron a pique, desahucios que siguen produciéndose a toda marcha o similares viene acompañada de un escenario político, mediático y social como para ponerse realmente a llorar.
 
Me entristece profundamente ver las noticias de este fin de semana y encontrarme con los disturbios y los saqueos en varias localidades españolas. Para algunos medios y tuiteros se trata de lo que ellos denominan "menas" o "ultraizquierda". Otros medios y particulares demuestran sobradamente que quienes azuzaron la mayoría de esas protestas (y luego intentaron borrar sus huellas en la red) fueron VOX y organizaciones afines. Saqueos en tiendas, escenas de violencia urbana, gritos de "defendamos nuestra tierra", antorchas, pedradas, pintadas antisemitas en las calles de Barcelona, negacionistas, defensores de sus derechos, capuchas, videos dónde se ven a policías encapuchados gritando aquello de "somos compañeros", informaciones adulteradas y manipuladas corriendo de tuit en tuit, ornamentación fascista en algunos jóvenes,  confusión.
 
Y aquí estamos. 2 de noviembre de este maldito año. Esta noche me niego a encender el televisor y ver las noticias. Leo Twitter y me deprimo de nuevo al comprobar cómo la población se tira los trastos a la cabeza sin parar. Fachillas azuzando a salir a las calles en pos de la libertad. La libertad y los derechos reclamados desde la extrema derecha! Ciudadanos que se enzarzan con otros acusándolos de insolidarios por salir a tomar el sol por Collserola el domingo. Policías de balcón (nuevo término perfectamente huxleriano) denunciando los desmanes horribles de sus vecinos por quitarse la mascarilla mientras hacen running. Periodistas irresponsables defendiendo a sus amos políticos y económicos sin importar ni la verdad ni la ética. Políticos enganchados en una espiral de descalificaciones en pos de rédito electoral. Bancos y multinacionales sacando jugosos premios económicos regalados por el gobierno de turno. Trabajadores perdiendo su trabajo. Pequeños empresarios arruinándose sin recibir ayudas. Jueces ordenando desahucios sin parar. Policías que ven aumentado su sueldo un 20% precisamente ahora (curioso, no?). Estados de alarma planteados por muchos meses que garantizan cualquier acción del gobierno… y cuando digo cualquier, digo cualquier. Medios que nos inoculan el miedo en vena. Roces sociales que vamos perdiendo. Familias que  no se ven. Abuelos solos. Normalización del control policial extremo. Adolescentes enjaulados. Niños sin deporte. Metros repletos en hora punta. Toques de queda que nos hubieran hecho rebelar en el pasado. Millones invertidos ahora mismo en tanques y aviones militares cuando los sanitarios agonizan. Hospitales millonarios vacíos por falta de personal. Propuestas de control familiar como el "responsable covid" dentro de las familias por navidad! Discursos racistas culpabilizadores de la enfermedad. Aplausos rechazados por los médicos. Centenares de amebas plantando miles de banderas cada fin de semana. Noticias fake. Estadísticas falseadas. Científicos vetados en gobiernos o televisiones por tener visiones contrarias al poder. Jueces y fiscales enloquecidos acusando a los rusos de ayudar militarmente a los catalanes o ayudando descarada e impunemente a los grandes partidos en cuestiones de corrupción. Noticias escondidas. Televisiones con tertulianos "cuñaos" con poco más que decir que lo que les ordenan sus amos. Futbolistas tristes por jugar sin público. Eméritos fugándose impunemente con vacaciones infinitas y gastos faraónicos pagados por nosotros. Familias reales odiadas por el mismo pueblo que les va a pagar un 6% más este año  para que sigan en ese lugar clave ayudando a los herederos del golpe del 36. Fascistas. Extremistas. Defensores españoles de Trump. Parejas que viven separadas y no pueden verse. Municipales con licencia para matar. Repulsión al ver una nariz fuera de la mascarilla. El bareto trasladado al banco de la plaza.
 
Y con todo ello y muchísimo más realmente me siento en una distopia inesperada, en un cruce de caminos conspiranoico a ratos, rebelde por momentos, indignado permanente y expectante todo el tiempo. Y así vivimos hoy. Y así nos ven nuestros hijos, los niños y adolescentes con los que trabajamos desde la escuela o desde otros ámbitos. Y ellos perciben toda esa paranoia y no tengo ni la más remota idea de cómo la están digiriendo. Y no consigo vislumbrar con qué se van a quedar sus jóvenes mentes percibiendo como los adultos nos atacamos, renegamos, somos incoherentes, nos confundimos, formamos bandos de manera aleatoria pero luego volvemos a nuestras convicciones, sentimos miedo a la vez que rabia, creemos y no creemos, nos enfadamos, criticamos al vecino y luego hacemos lo mismo que él, acusamos, cambiamos hábitos, escuchamos las noticias sin creerlas, maldecimos y acatamos.
 
Hace unos días, en el metro, una chica de mediana edad muy bien vestida se volvió loca gritando y llamando a la policía acusando a un músico de llevar la mascarilla por debajo de la nariz. La mujer vociferaba y se movía enérgicamente acusando con un dedo al infeliz músico que, acordeón en mano, se la miraba sin rechistar. Diversos niños pasaban por allí y miraban la escena con curiosidad. Me pregunté lo que deberían estar pensando de la situación y por unos instantes sentí vergüenza ajena por proporcionar a la infancia escenitas así. Tal vez esa mujer había perdido a su madre por Covid o puede que hubiera perdido el trabajo por un quiebre de su empresa o que simplemente fuera una histérica o una racista puesto que el músico parecía de la Europa del este. Fuera como fuere me sentí apesadumbrado por normalizar yo mismo escenas de ese tipo.
 
En mi CRAE un joven confinado estudiante de ESO se nos rebeló hace unas semanas puesto que sus amigos (de la misma clase confinada) lo estaban esperando en la puerta del centro para salir y nosotros no lo dejábamos.
Esta mañana un niño de once años poco amigo del trabajo doméstico ha sido confinado en una habitación por un contacto con positivo y tras verse encerrado allí él solo con un sofá perfecto, la nintendo, una tablet y una televisión con Netflix me ha mirado con ojos de pillín y me ha dicho "David, soy feliz". Aún me sigo riendo… pero, de veras, no tiene tanta gracia. 






lunes, 22 de junio de 2020

A propósito de la ley Rhodes y como Educador Social....


Siempre creí que los cambios legislativos importantes acostumbran a hacerse presentes con mucha lentitud respecto a la realidad social. Y si a eso le sumamos la lentitud de la administración y la voluntad política para dotar económicamente a les leyes innovadoras nos podemos encontrar como resultado ejemplos como la "Llei de drets i oportunitats de la infància" catalana, absolutamente puntera y innovadora pero implementada sólo en un 50-60% a doce años vista de su aprobación… doce!!! El tema de que el gobierno catalán siempre tiene la excusa del expolio español es -pese a sus evidentes razones- tema aparte. Por ello tras leer sobre la propuesta y aprobación de la "Ley Rhodes" de protección a la infancia en España impulsada por UP debo -como educador social y como ciudadano- comentar algunos aspectos:

  1. Me alegra enormemente que por fin un gobierno tome como reto la protección a la infancia como algo fundamental aceptando el reto de plantar cara a un mal endémico en nuestras sociedades. Creo que es toda una declaración de intenciones y denota un alto grado de responsabilidad social. Decir que todas las medidas adoptadas me parecen positivas y realistas, bien planteadas y adecuadas. Pero debo decir más. Sigo.

  1. La protección es sólo un aspecto de muchísimos que cabe abordar con la infancia. Y es que la simple protección denota una visión de nuestros niños anclada en el siglo XX dónde la infancia era vista como una parte de la sociedad débil, "en desarrollo, sin criterio propio, sin voz"; un conglomerado de personas dignas de todo el cariño, cuidado y amor pero que tan sólo eran y son un proyecto de ciudadanos y no unos ciudadanos en sí… de la crítica de esa visión aparecen las innumerables declaraciones de intenciones políticas referentes a la participación de los niños y niñas en la sociedad y de los centenares de proyectos, leyes y normativas que sugieren abordar esa cuestión que por mi experiencia debo decir que en su gran mayoría han fluctuado entre los famosos "niños florero" de Hart y entre los primeros peldaños de la participación que ese mismo autor sugería ya en los años setenta. Y sí, la ley Rhodes tampoco aborda ese tema, de hecho ni lo menciona.

  1. La ampliación de las penas y el aumento de los años para prescribir un delito contra la infancia me parecen un acierto a todas luces puesto que hay muchos adultos que no pueden relatar un abuso hasta bien entrados en la madurez. Otros, sin embargo, no podrán jamás. Y es que poner en énfasis en la parte jurídica es necesario pero no debe ser la única cuestión clave.

  1. Cuestión clave sí debe ser hacer énfasis en la detección y lógicamente en la prevención. Y en este sentido esta ley abre la puerta a una innovación nunca vista antes y que a todas luces me parece el proyecto estrella: la creación del coordinador/a de bienestar y protección en los centros educativos. Gran acierto el nombre (bienestar antes que protección) y tremendo acierto el hecho de proponer un nuevo profesional en los centros educativos no sólo centrado en lo académico. Hacía siglos que todos los colegios de educadores/as sociales de España reclamaban esa figura en centros de primaria y institutos. Un profesional dedicado al bienestar de los niños/as y adolescentes, promoviendo acciones de civismo, bienestar a la vez que detectando situaciones peligrosas o trabajando codo con codo con los servicios sociales o terapéuticos llegado el caso. Como pedagogo pero especialmente como educador social siento en el alma que el gobierno no haya promovido en la ley que esa figura profesional recaiga directamente en la profesión que siempre ha reclamado ese lugar y ha detectado esa necesidad y cuyos profesionales más preparados  y motivados están para ejercer ese rol que no sólo debería leerse como figura ligada a los servicios sociales sino como enlace con la comunidad, de la que la escuela nunca debió salirse y en la que muchos maestros y maestras andan empecinados en trabajar pese a los pocos resquicios que la ley educativa les permite.

  1. En una charla que di hace unos cuantos años para profesionales de servicios sociales de Catalunya abordé el tema de la parentalidad/marentalidad positiva como aspecto clave de la educación del presente y el futuro tal y como la Ley Rhodes también indica sin hacer hincapié en la manera de implementarse. En ella hablaba de muchos temas pero al final de todo dediqué un tiempo para hacer "ciencia ficción" pensando cómo serían las cosas con un incremento de recursos y figuras profesionales y proyectos tanto en la escuela como fuera de ella. Uno de los ejemplos de esta "ciencia ficción" pasaba por una figura similar a la propuesta en la ley. Podéis verla en la siguiente infografía (lo siento para los lectores no catalanoparlantes aunque se entiende bien en español, creo).


Como podéis leer proponía tres niveles de trabajo. Uno de "Soporte Universal" al que cualquier niño/a y familia debe de tener acceso con un profesional de la Educación Social dedicado a desarrollar trabajo con grupos familiares (en horarios extraescolares), a hacer formación y soporte a maestros y maestras, a implementar actividades con familias y sus hijos relacionadas con la parentalidad/marentalidad positiva, a impulsar acciones cívicas en el centro educativo o a hacer de enlace con la comunidad, campañas de convivencia, etc.
El segundo nivel de "Prevención" pasaría por hacer de soporte tutorial, de enlace con las familias y la escuela, por orientación a dirección en determinadas situaciones, por abordaje de situaciones de acoso, proyectos de mediación, de participación infantil y juvenil, etc. El tercer nivel "Intervención" ya pasaría por abordar situaciones concretas de alumnos y alumnas con situaciones complejas a nivel personal y/o familiar dando apoyo semanal a los maestros y maestras, coordinándose con servicios sociales o equipos de protección, terapéuticos  o de otro tipo, abordando el absentismo o situaciones diversas que se dan.

Se trata de una propuesta a tres niveles partiendo de la base que un profesional de la escuela tiene como misión trabajar el bienestar, la protección y el desarrollo personal y familiar. Parece una tarea épica para un solo profesional para cada centro educativo pero estoy seguro de grandes resultados con una buena organización. Para mí se trata de una medida necesaria si creemos que los centros educativos son espacios de educación y no puramente académicos. Nuestros maestros/as y profesores/as saben que cada dia están lidiando con situaciones que les superan y parches como los puestos en Catalunya como la introducción en las escuelas y institutos de la figura del Integrador Social no ayudan en absoluto, máxime cuando esa figura ha sido relegada a que la dirección de cada centro la use como quiera encontrándonos a profesionales haciendo de conserjes, administrativos, ayudantes de monitores de comedor o simples machacas realizando contención emocional y a veces física con aquellos alumnos más descontrolados que el centro no consigue controlar.

Y dicho todo esto, emplazo a UP, al Sr Iglesias y al ministerio de educación a que encajen esta ley en otra futura mucho más compleja y que contemple toda la vida de los niños y niñas tanto en sus derechos como en sus obligaciones que se dirija a la igualdad de oportunidades y aborde cuestiones clave como la equidad, el acceso a las actividades extraescolares gratuitas y integradas en la escuela pública, la conciliación familiar pensada desde las necesidades de los niños/as más que en las del sistema económico para el que trabajan sus padres y madres, su participación real en la vida pública, las necesidades brutales de proyectos para la etapa 0-3 y la pequeña infancia, la importancia de la lectura y la capacidad crítica, los proyectos de prevención familiar para evitar tutelas administrativas que nunca debieron de darse con un sistema de protección moderno (y lo digo como director de un centro de protección), los proyectos de educación en y de calle, el apoyo de profesionales en el hogar, la salud mental infantil y tantos otros que siempre quedan en el tintero porque no nos engañemos, todo ello suena muy bien y necesario pero se trata de elementos difícilmente defendibles a nivel político y económico. 
Parece que se ha dado un pasito. No nos conformemos. Ni como profesionales de la educación ni como ciudadanos.

martes, 17 de marzo de 2020

Educador confinat 3 - Sobre les emocions i el propòsit de vida


Avui m’he llevat angoixat amb tot de cabòries al cap sobre el futur de les nostres societats i l’extrema fragilitat en que vivim. He estat observant al meu fill mentre simulava estar concentrat fent deures amb la ment viatjant qui sap on i un calfred m’ha recorregut l’espinada recordant les paraules que em va dir l’altre dia mentre sopàvem: “quin morro papa, a mi m’agradaria haver nascut a la teva època i no haver de passar de nen per tot això del coronavirus i per la merda de canvi climàtic que m’espera”.

Deixant de banda la innocència del comentari d’un nen de vuit anys i obviant també el veritable esglai que jo mateix sentia a la seva edat quan pensava en que existien dos grans blocs disposats a aniquilar la vida a la terra en poques hores, trobo que la seva referència indirecte a la por em va deixar una mica tocat, si més no, el suficient per escriure aquestes ratlles mentre descanso mitja hora de la feina.

La por, característica humana que ens ha ajudat a sobreviure al llarg dels mil·lennis activant els tres mecanismes bàsics de lluita, fugida o bé paràlisi. Una emoció que ens ha ajudat a sobreviure o que en el seu excés ens ha paralitzat del tot. Tots la podem sentir a diari i ens ajuda a gestionar la quotidianitat: apartar-nos d’un cotxe que s’aproxima ràpid, treure les mans ràpidament d’un foc massa fort o bé en el control de la respiració davant l’obertura del sobre per veure els resultats de la biòpsia. No es tracta de combatre-la o negar-la sinó més aviat d’acceptar-la, conviure amb ella i aprendre’n dels seus mecanismes útils per a facilitar-nos la vida. Altra qüestió són les pors imaginàries o inventades, aquelles que nosaltres mateixos ens generem fruit d’experiències anteriors o directament de pensaments amb poc sentit objectivable, però sigui d’una manera o d’una altre, el recorregut neuronal i la sensació de realitat per al nostre cervell d’aquesta segona por és exactament el mateix que en la real. Mitjançant proves per neuroimatge i altres, els científics han pogut constatar que el recorregut per les àrees del cervell, els neurotransmissors involucrats i les respostes generades són exactament les mateixes en una situació real que en una recordada (recordem que recordar ve del llatí “tornar a viure”) ja sigui amb sensacions com la por, l’alegría, l’esforç, melangia així com en qualsevol activitat humana que realitzem. Per això molts terapeutes, entrenadors esportius, educadors i mestres ja fa temps que fan servir com a noves eines molt potents les visualitzacions creatives guiades i el perfeccionament de destreses amb el pensament (recordem l’experiment de la Universitat de Chicago als anys 90 i l’ús en l’esport  ) per tal de reforçar aquells circuits concrets que després s’activaran en la vida real. Altres eines properes al Coaching com els famosos exercicis d’actuar i pensar “com si” ajuden en la mateixa línea a crear aquests circuits quan en molts casos encara no estan creats o volem aprendre a fer tasques d’una manera diferent o simplement adquirir una competència. La PNL també insisteix en aquest punt en la seva idea de “modelatge” per a copiar, entrenar i desenvolupar una determinada conducta i es nodreix de les teories de Bateson sobre la relació entre l’aprenentatge i la comunicació. És interessant i revelador veure com a les universitats de pedagogia i psicologia encara no tenen gaire cabuda aquestes orientacions i fins i tot en alguns moments se les ha titllat de farsants (tot i que val a dir que especialment el coaching ha fet embogir a centenars de petits estafadors fomentant pràctiques poc professionals quan no directament ridícules i nocives).

I tornant a la por que el meu fill expressava i que els darrers dies podem experimentar nosaltres mateixos m’agradaria comentar que sí, que jo també l’he sentit. Però no la real i objectiva. La real em duu a patir per si el meu fill emmalalteix i que no vull que s’ho passi malament, per la meva mare ja gran, pels nens del Crae, etc. La no real i imaginada (desitjo que no anticipada) te a veure amb imaginar les conseqüències de tot plegat, els acomiadaments massius, canvis socials, pobresa, estructures de dictadura, revoltes... qui sap.

I, sabeu? Justament mentre escrivia la frase anterior he rebut un missatge d’una persona coneguda  (de baixa pel Covid-19 que precisament va agafar a la feina per negligència d’una companya que ho va passar i no va informar a RRHH) m’informava que acaben de trucar-la per acomiadar-la de la feina. No és un ERTO com en Pedro Sánchez ha anunciat sinó un acomiadament en tota regla. Apa, al carrer i si de cas quan tot torni a la normalitat ja et trucarem.  No sé quan deu tenir d’atur. Doncs justament a això em referia, veieu? A vegades les coses arriben així i ho modifiquen tot. I ara mateix, lluny de sentir por, sento una ràbia immensa, descontrolada diria jo que em duu a odiar la merda de sistema psicòpata en el que vivim. No fa ni una hora que el president de les espanyes ha sortit fent teatre per tv però donant el missatge inequívoc que donava absolut suport a les empreses i que CONFIAVA (ho sento, la puta mare que el va parir) en que els empresaris no farien acomiadaments massius sense fer com han fet a França on directament els han PROHIBIT.

He començat a escriure aquesta entrada al blog amb la idea de reflexionar sobre emocions normals com la por que cal controlar per a que no ens siguin nocives i l’acabo realment cabrejat i indignat, comprovant un cop més que no som més que simples peons en una partida gegantina que no va amb nosaltres i que desconeixem però que ens fa patir i dirigeix les nostres vides. Volia parlar també de la conveniència de controlar les emocions per tal de poder actuar amb els nostres valors i sovint m’adono que els meus valors estan constantment xocant amb la realitat del sistema en que visc. Crec que com jo hi ha infinitat de persones i tot i trobar cert alleujament en lectures de Morin i altres quan evoquen la flexibilitat i justifiquen la incoherència de les persones com a fet universal i necessari per a sobreviure, hi ha moments en que no veig altra solució que la revolta col·lectiva, en la presa del poder per la força, potser sense violència física doncs ja sabem que les guerres del futur no seran com les antigues malgrat hi hagi centenars en curs i silencioses ara mateix  arreu del planeta  matant a milers d’éssers humans. I és llavors quan em ve al cap en Viktor Frankl recordant que si tenim un propòsit per a viure, tirarem endavant malgrat tot i afegeixo jo que si aquest propòsit està alineat amb els nostres valors potser prèn més força encara i si som capaços de gestionar les nostres emocions diàries tenint-los presents a ells i clara la nostra fita de vida potser podem arribar a ser imparables.  I per avui ho deixo aquí. 
Cuideu-vos.

lunes, 16 de marzo de 2020

Educador confinado 2: sobre el descubrimiento de la comunidad


Seguimos metidos en casa atónitos ante la avalancha de medidas, mejor dicho no medidas, que desde el gobierno de España van saliendo hoy. Anonadados al ver que la crisis la gestionan desde la capital del reino al grito de “unidos”, patrioterísmos penosos como sutil mensaje a los catalanes pero sin tomar medidas útiles como las que la OMS, sin ir más lejos, propone; que curiosamente son las que Catalunya propuso y accionó hace unos días pero que ahora mismo no se dejan llevar a cabo desde la meseta, supongo que por que deben creer que es más importante que todos los abuelos de la península con especial vulnerabilidad casquen a la vez unidos por la rojigualda de las narices. 
No deja de acojonarme que las grandes decisiones de este estado se tomen desde la centralidad no por practicidad, sentido común o ciencia sino por pura política. Cualquiera puede creer que ante una avalancha de contagios es mucho mejor gestionar, aislar y cerrar territorios concretos para que no entren en mayor contacto con otros focos importantes. Vamos, que esta idea es de primero de epidemiología bàsica, a parte de puro sentido común y responsabilidad para los conciudadanos a los que se deben esos poderes. Pero no. Ellos prefieren concentrar todo en Madrid, hacerse las fotos con dos señores regordetes con mil medallas detrás del ministro que no tienen la más mínima idea de como funciona la ertzaintza, mossos o la policia local de Torrelavega o la sanidad de cada autonomía. Pero nada, se concentra todo el poder decisorio allí anulando de facto las autonomías no vaya a ser que haya algún territorio que gestiona la crisis adecuadamente, con celeridad, aplicando sentido de estado propio y solucionando el tema con responsabilidad y eficiencia ; no vaya a ser que ese territorio sea Catalunya y haga lo que ya hizo en un par de días hace unos pocos años en el ataque terrorista mientras los ministros españoles aún andaban rascándose la cabeza o volviendo de a poco de sus lugares de vacaciones. No vaya a ser que ese recuerdo les pese para no haber cerrado la capital del reino, facilitando brutalmente la expansión del vírus por toda la península o para tirar atrás las órdenes dadas desde la Generalitat para aislar Catalunya y confinar a todo el mundo tal y como mandan los protocolos más básicos y el puro sentido común.

Este día confinado ha sido de mala leche por todas estas notícias pero aún faltaba la otra gran notícia; la del rey dejando sin asignación a su padre y reconociendo que tenía conocimiento de esas cuentas desde hace tiempo pero curiosamente no fue hasta salir a la luz pública que decidió rechazarlas y no estar en ellas. Curioso. Y más curioso aún, bueno, más que curioso risible, descojonante diría yo, la notícia del abuelo dejando todas esas cuentas fraudulentas (sí, mafiosas ) a nombre de la nieta, la hija mayor del rey. A efectos prácticos, un personaje inimputable que ha estado detrás de los grandes mangoneos de este país, puesto a dedo por un dictador, mafioso, algo putero y ahora emérito le hace un regalito a su nieta poniendo a su nombre las cuentas opacas fruto del expolio y los oscuros negocios con países exportadores de petróleo y importadores de armas. Todo queda en casa, en el palacio de los inimputables que aseguran que la estructura parafascista continuadora de la estirpe y oligarquía franquista sigue en pie, viva, dirigiendo desde las sombras el devenir de este estado podrido que no tiene remedio aunque Pablo Iglesias gobernara en solitario y con mayoría absoluta. Y los ciudadanos nos lo miramos, escupimos improperios algunos y otros justifican todo desde el acriticísmo en que el sistema los ha educado.

Bien. A todo esto también debo decir para terminar los malos rollos de hoy que ya llevamos seis días confinados en un apartamento muy pequeñito que aún no tengo reformado para que mi hijo pase conmigo los días que le tocan. Sin Wifi, sin una habitación amueblada para él, juguetes, libros y demás materiales para sobrellevar los días con un peque de 8 años. Todo un reto. Una vieja consola WII, rotuladores y unos pocos muñecos articulados de Dragon Ball nos han salvado hasta ahora de la histeria pero las cosas se van poniendo tensas poco a poco. Ambos un poco más nerviosos y con menos paciencia pese a la buena voluntad. De momento no ha llegado la sangre al río ... por ello ayer me decidí a apelar a la buena voluntad de la gente y escribí a la presidenta de los vecinos expicando mi situación y pidiendo que pasara por wathassap al resto de vecinos (la mayoría gente mayor) un escrito dónde pedía si alguien me podía facilitar (pagando) su clave wifi para poder ver alguna peli con mi hijo o trabajar además de algún juego, libros o cómics para él, yo también me ofrecía a poder llevar alimento o algo útil a alguna de las personas mayores del edificio así que saliera de mi cuarentena. 
Pues sí, hoy ya tengo wifi (no han querido que pagara nada) y un montón de libros y cómics para Oriol...

Pensaréis que es un hecho banal y poco importante pero para mí tiene mucho valor. Vivimos en una sociedad tan aislada que a menudo somos incapaces de pedir una ayuda simple al vecino al dar por hecho que no nos conocemos, que no es amigo o familiar, que qué va a pensar de nosotros, que la gente no da cosas porque sí, que cada uno ya tiene sus propios problemas... 
Nos quejamos a menudo de la insolidaridad de la gente, de la hipocresia y el egoísmo sin atisbar que el sentido comunitario siempre está ahí y que se puede activar con un mínimo de empatía y unas pequeñas dosis de comunicación. 

Nos han hecho creer que el individualísmo es la clave para solucionar las cuestiones prácticas y han apartado de nuestra visión social el sentido de comunidad, ese antiguo “hoy por tí y mañana por mí” junto al trabajo/reivindicación conjunta.  

Ayer pedí algo banal a gente que casi no conozco y en media hora atendían mis peticiones y se ofrecían a más por el pequeño hecho que soy una persona de su comunidad y necesitaba algo sencillo que me podían proporcionar. No es un hecho aislado. Estos días por las redes podemos ver centenares de pequeños actos solidarios y cada uno de ellos me emociona aunque debería ser lo lógico. Y amigos, cuando situaciones lógicas nos emocionan es que algo no estamos haciendo bien ... sin embargo ese gen de la solidaridad, de ayuda al prójimo, de visión de grupo aún forma parte de nuestra naturaleza y está en nuestra mano reforzarlo, educarlo y hacerlo crecer a contracorriente del sistema para tal vez, algún día, poder sentir como propio no sólo el dolor del vecino sino el del refugiado, el del ahogado en el Mediterráneo, el del joven buscador de colpán o el del indio que tal vez mañana una bala salvaje atraviese su corazón mientras defiende las tierras amazónicas de sus antepasados.

domingo, 15 de marzo de 2020

Educador Confinado 1


Pues sí. Llevo cuatro dias confinado. Mejor dicho, autoconfinado, puesto que aún no he recibido la llamada que me de instrucciones sobre lo que hacer al haber estado en contacto mi hijo y yo con una persona enferma, aunque tengo claro que debo recluirme junto a él los catorce días de rigor que los protocolos recomiendan para no poner en peligro a los demás; en este caso al resto de niños y sus famílias del colegio de Oriol y a la comunidad de niños/as, adolescentes y equipo educativo del Crae (centro de protección de infancia tutelada) que dirijo en L’Hospitalet de Llobregat.

Y sí. Como todo el mundo ando preocupado. Estos últimos días de hecho, preocupadísimo con la gestión del centro, sintiéndome muy impotente por no poder estar ahí y confiando ciegamente en las actuaciones del equipo directivo de la cooperativa que lo gestiona, abordando el tema de frente con el equipo educativo, ciertamente angustiado, y con los niños de la Llar Infantil i los adolescentes de la Llar Juvenil. 
Soy consciente que las educadoras y educadores están haciendo un trabajo brutal de concienciación con todos los chavales trabajando la idea que no van a salir de allí ni ver a sus famílas en un mínimo de quince días. Desde aquí los felicito igual que a los miles de profesionales que las próximas semanas se dedicarán a atender personas poniendo en riesgo su propia salud.

Nuestro dispositivo ya parte de la idea que podemos ir enfermando y teniendo que recurrir a la bolsa de suplentes. Y si mucho empeorasen las cosas nos podríamos encontrar con que ya no disponemos de equipo suficiente en algún momento para la atención de 24 horas que debemos dar, hecho que conllevaría turnos maratonianos para los que quedaran o incluso confinamiento junto a los niños en caso de infecciones dentro del centro. Yo ando calculando los días que me quedan para poder dejar a mi hijo en casa de su madre y instalarme en el centro llegado el caso. 
En fin, tal vez se trata de aventurar cosas que aún no sabemos pero al no habernos encontrado nunca en semejante situación vale la pena considerar todos los escenarios.

Tal vez el Covid-19 no sea brutalmente mortal pero yo lo tomo como un serio aviso de qué podría pasar socialmente ante una amenaza mucho más letal y la verdad, el resultado es totalmente devastador, absolutamente triste:

  • · Veo miles de famílias especialmente en Madrid pero también en Barcelona huyendo a sus segundas residencias a pasar un período de vacaciones con los niños exponiendo a otras comunidades o pueblos (muchos de ellos con elevados índices de población envejecida) con actitudes totalmente irresponsables.
  • ·         Observo la obscena avalancha en los supermercados de personas histéricas acaparando comida de manera descontrolada, carritos con quilos y quilos de arroz, el ya famoso papel higiénico, estanterías de carnes y pescados totalmente vacías.
  • ·         Veo en las grandes ciudades como la gente se reúne en terrazas a tomarse sus copas como si nada, las discotecas madrileñas repletas, los restaurantes y bares obligados por la policía a cerrar, empresas que aprovechan para despedir a gente, la patronal junto a sindicatos apoyando despidos masivos, toreros en la televisión dando consejos de salud, a los políticos que desmantelaron de manera criminal la sanidad pública haciendo llamadas por twitter para aplaudir desde los balcones a las 10 de la noche a todos los sanitarios que se dejan la piel...
  • ·         Veo un gobierno español totalmente inútil, haciendo llamadas al patriotismo más patético y anulando competencias a las comunidades que sí que ya han actuado y están activando planes útiles, entrando de lleno en la centralización decimonónica que cómo siempre –y pese a que el pringado de Pedro Sánchez rebuzne lo contrario- siempre llevaron a este estado inventado al desastre.
  • ·         Veo como gracias a los nefastos gestores de la comunidad y el ayuntamiento de la capital del “reino” el vírus en España representa ya el lugar del mundo con una mayor expansión de contagios en menor tiempo. Unos cracks.
  • ·         Veo como se habla de solidaridad pero no la acabo de ver por ningún lado cuando un montón de famosillos, políticos y otros ya han dado positivo (señal de que les hacen el test) y miles de personas aguardan en sus casas por símple sentido común con la incertidumbre de si estarán o no infectadas.
  • ·         Veo ataques xenófobos a la comunidad china y cómo esta responde con verdadera solidaridad regalando mascarillas o cerrando antes que nadie sus negocios.
  • ·         Veo como servicios como el mío no estamos en boca de nadie ni importamos socialmente pese a que tengamos responsabilidad sobre la vida de personas durante 24 horas al día. Para nosotros la única respuesta ha sido “tirad del equipo y de la bolsa de suplentes”. Y yo me pregunto ¿cuando caigan o si caen todos quién se va a hacer cargo de la vida de niños y niñas cuyo tutor legal es la propia Generalitat?

Veo muchas cosas y caigo en el cabreo supino o en el nerviosísmo. Estoy atrapado en casa y miro tanto por mi família como por los chicos y chicas de los que soy guardador legal. Me siento algo impotente puesto que siento que mi lugar ahora debería ser estar en el centro, liderar al equipo, calmar los ánimos, reunir a los chavales y promover un proyecto común de responsabilidad y precaución. Pero no lo puedo hacer desde allí y me mareo en casa pensando en como puede evolucionar todo.

Si soy realista creo que la mayoría nos vamos a infectar y me preocupa saber cómo vamos a proteger a nuestros mayores y cómo vamos a evitar el colapso de un sistema sanitario ya tocado de muerte gracias a gobiernos anteriores. Se trata de una situación nueva que nos va a poner a prueba como sociedad. Otro tema va a ser la crisis económica monumental que va a seguir a la pandemia y que creo modestamente que va a cambiar el devenir de nuestras sociedades ayudando a apostar por precarizantes trabajos por horas, instaurando el teletrabajo para quien pueda, reducciones de costes y tal vez llevando a una renta bàsica universal que más que ubicarse en la órbita del derecho lo va a estar en la de la supervivencia extrema. 

No puedo decir que nos agarremos por las curvas que vienen porque ya estamos de lleno en ellas.

Salud, más que nunca y seamos responsables.

lunes, 2 de marzo de 2020

De cómo me llaman paternalista



Debe ser que últimamente ando algo sensible o paranoico pero a menudo en Twitter me siento atacado por algunas personas que se proclaman progresistas o militantes de diversas causas por el símple hecho de decir que soy director de un centro de protección mal llamado de menores  o por nombrar mi profesión de educador social. ¿Me duele? Pues algo sí;  aunque por otro lado entiendo la crítica velada a lo que algunas de estas personas se refieren que entiendo debe ser aquello de que formo parte activa de un sistema que perpetúa la injustícia, que actúa como panóptico social, que maniobra útilmente entre aquellos más vulnerables para mayor beneficio del control social, que sectariza la sociedad para poder analizar las vidas de personas y se da derecho para actuar sobre ellas y sus hijos y hijas en pos de unos ítems de “riesgo social” aplicados de manera objetiva (aunque no sea así)  y basados en unos parámetros digamos adaptados a una sociedad occidental blanca, patriarcal (sí, aunque nos pique reconocerlo) y adaptada a un sistema de vida que reconocemos como el adecuado en un consenso del que no todos han participado. Desde este punto de vista el “no adaptado” a la “norma” o al “dogma” corre el riesgo de ser estigmatizado, filtrado por la red de los servicios sociales y psicologizado, psiquiatrizado, educado, manipulado, etc por los distintos dispositivos de los que la sociedad se vale para asegurar su continuidad en los mismos criterios que la definen como “correcta”: centros de menores, justícia juvenil, equipos de atención a la infancia y adolescencia, etc en el caso del trabajo social dedicado a la infancia. Dispositivos todos ellos surgidos a la luz, si hacemos deconstrucción de la historia, de grupos sociales confinados por “peligrosidad social” ya fuera ligado a cuestiones psiquiátricas o criminalizantes. Sí, reconozcámoslo! Nuestras profesiones vienen de ahí. Ese es nuestro origen mal que nos pese y mal que queramos olvidarlo. Y siguiendo la estela de Foucault que tanto me entusiasmó en su momento debo reconocer que el orígen de cualquier institución va a determinar de por vida sus métodos y objetivos por mucho que vayamos limando con el pasar de las décadas esos orígenes que nos cuesta reconocer.

Por ello, cuando por tuiter o por dónde sea alguien me desvalora en mi profesión quiero pensar que está apelando a esos orígenes de fondo y trasladándolos a la época actual, mostrándose crítico o crítica ante una situación social que encuentra injusta e injustificable y ataca a uno de los mecanismos que a menudo más se las dan (damos) de progresistas y “buenistas” pero que en el fondo sí que es cierto que dotamos de estabilidad al sistema general que perpetúa y a veces exacerba la injustícia, el patriarcado, el racismo o la marginalidad.

Es por ello que puedo entender que hoy una joven antropóloga me haya invitado a no opinar en su publicación tuitera para no “estropearla” a propósito de mi crítica sobre las letras de un músico joven surgido de un barrio que conozco bien que yo considero que reivindican cosas pero que a mi juicio recrean situaciones de calle, de violencia, exacerbación de actitudes callejeras próximas a delitos varios y que a mi entender eso no abandera demasiado... Por hablar así me han acusado de criminalizar al joven y al barrio entero y en algún momento he podido leer algún comentario acerca de mi “paternalismo blanco” con el beneplácito de entender que dicha publicación aludía a ese joven en un concierto repleto de muchos otros jóvenes – muchos racializados- y que ello era una muestra positiva de voz alternativa y de empoderamiento hacia minorías que se sienten justamente maltratadas.

Dejando de lado que comparto plenamente el argumento de la necesidad de voces empoderadas que abanderen movimientos, reúnan militancias, aglutinen gente y tomen poder político sigo pensando que el símple hecho de que un actor aislado (aunque potente) surgido del bolsillo de un industrial avispado sabedor de la necesidad que muchos jóvenes tienen de disponer de referentes “rebeldes” con el sistema y de poder expresar justa queja sobre la mierda en la que viven, no representa un movimiento social, político o juvenil en el que verter con santa inocencia las lógicas inquietudes que militantes de comunidades diversas ponen ahí. Y lo digo a riesgo de ser “linchado” por personas que conozco. Aunque opino que el simple hecho de “reunir” en torno a algo a una comunidad juvenil con un estereotipo en sus espaldas (sea de caràcter racista, cultural, homofóbico, etc) ya es acto imprescindible para empoderarse y saberse comunidad potente y unida para actuar contra lo que les oprime... que es prácticamente todo en muchos casos. Y opinando así, aún a riesgo que alguien más me llame “paternalista blanco” sigo pensando que tomar el mando de una reivindicación no pasa por endiosar a sus prácticas más marginales (la calle, los trapicheos, los chivatos, las balas...) sino más bien por endiosar a sus ejemplos más brillantes, esos que desde el propio sistema que les ha oprimido han logrado alzar sus voces, hacerse ver y visibilizar a sus comunidades y que desde ahí son capaces de ser críticos y convertirse en referentes ... pero, total, ¿qué sabré yo?... si para algunos o algunas sólo soy una pieza más del engranaje que perpetúa la injustícia o la opresión desde mi lugar profesional...

Y dicho esto asumo el riesgo que alguien me diga:
  • a)      Tú no puedes opinar de esto por que no has vivido ese azote del sistema en tu propia carne.
  • b)      Tú debes callarte por que ocupas un lugar clave en el aparato de control social.
  • c)       Tú debes callarte por que eres un pureta que no entiende las lógicas juveniles actuales.

Aunque ya me adelanto a responder:

  • a)      Cierto. No he vivido según qué cosas y desconozco muchas de las lógicas que subyacen pero ... ¿eso me desautoriza a preguntar, opinar o ser crítico con respeto? A veces pasa que perdemos la energía en demonizar al que se siente de tu parte (aún ignorante de millones de cosas y absolutamente sin pretender dar lecciones de lo que no se sabe y también metiendo la pata) sin atacar realmente al enemigo más acérrimo que acostumbra a ser común ... y sí, en según qué cuestiones esto no es tan fácil de ver y a menudo el “enemigo” está en las maneras de hacer, sentir y lógicas culturales heredadas y vigentes que yo mismo seguro que tengo incorporadas en mi ADN cultural. Y además me gustaría aclarar que desde ayer y gracias al comentario de una persona también tengo más en cuenta la cuestión de "catársis" necesaria que muchos jóvenes necesitan (si es a través de la rabia expresada desde la música pues ya vale) para hacer aflorar de alguna manera la situación de injusticia, opresión o racismo en la que viven mordiéndose los puños a menudo...

  • b)      Cierto. Dirijo un Crae. Pero mi pequeña lucha particular pasa por empoderar al máximo a los niños/as, adolescentes y famílias con las que trabajo en mi dia a dia para que un día puedan decidir con mayor autonomia y puedan disponer de vidas más felices. Sí, supongo que suena “happy flowers” pero los que me conocen saben que respeto al máximo a cada persona y que siempre me dediqué a ello  ya fuera en el centro o en otros espacios profesionales.
  • c)       Cierto. Ya soy algo mayor y seguramente se me escapan cosas de la juventud de hoy. Pues claro! Y es que los que deben tomar el mando son los propios jóvenes en muchos aspectos y alzar la voz exponiendo argumentos, críticas o alternativas. Yo me quedé cantando cosas de La Polla Récords y Kortatu ....


jueves, 27 de febrero de 2020

¿Multicultural?, ¿Intercultural?



Recientemente acudí a una mesa redonda en Barcelona enmarcada en la celebración del día mundial de las lenguas maternas en la que se iba a hablar de la importancia del plurilingüismo en el mundo educativo. Los ponentes de la mesa (una mamá de origen marroquí, una profesora universitaria investigadora en el tema y un coordinador pedagógico de una escuela de primaria)  dialogaron junto a la moderadora, una educadora social especializada en temas interculturales ... o será multiculturales? Y esa pregunta no me la hago en balde ya que llevo casi quince días dándole vueltas a todo lo que escuché, pensé y recordé de mi experiencia, conversé con la persona que me acompañaba, que por cierto, hizo una aportación fundamental al final del acto relativa a que hacen falta más profesionales procedentes de otras culturas y sobretodo que se les pregunte y escuche.
Los argumentos pedagógicos y sociológicos acerca de por qué debe incentivarse el uso de cualquier lengua materna en el mundo escolar son obvios aunque debo decir que me encantó escucharlos de nuevo y reactivar antiguas ideas, creencias y demandas de las que reconozco estar algo olvidadizo. Especialmente me sorprendió (tal vez más por el uso de un concepto que por la idea de fondo que se pretendía mostrar) la exposición de la mamá dónde explicaba la poca participación en las escuelas de las familias de origen inmigrado apelando a un supuesto “sentimiento de inferioridad”. Inferioridad. Inferioridad. Esa palabra retumbó un rato en mi cabeza y me cogió desprevenido. No se trataba de un argumento técnico aunque estaba más claro que el agua. Y ya sabemos que dónde hay alguna idea de inferioridad existe otra de superioridad aunque su grado de sutileza la haga a menudo casi indetectable agazapada en aquello de “lo políticamente correcto”.  Enfrascado en ese pensamiento y saltando de lo social a lo lingüístico y cultural de un lado a otro recordé el libro de Siguán (Bilingüismo y Educación) que todos los maestros y pedagogos parece ser que leímos en nuestra formación en los noventa dónde apoyado en criterios filológicos y sociológicos defendía la tesis que un perfecto bilingüismo es una quimera inalcanzable puesto que cada idioma aporta un valor cultural, histórico, económico, sociológico y vital único, particular, que siempre tenderá a querer imponerse en un territorio determinado por encima de los otros. Ya por aquella época entendí claramente la necesidad del concepto de Inmersión lingüística en la educación catalana por el simple hecho de estar en inferioridad de condiciones ante siglos de imposición del español a todos los niveles. Aún hoy día cabe destacar el ridículo porcentaje de uso de la lengua catalana en prensa, edición de libros, televisiones, radios, carteleria, cine o publicidad frente al español y el porcentaje similar de su uso especialmente en la zona metropolitana de Barcelona; una situación general, esta, sin duda esclava de motivaciones culturales, políticas y económicas.
Pero mi foco de interés ahora no abarca la situación de bilingüismo en Catalunya sino más bien hacia dónde fue derivando poco a poco el diálogo en la mesa redonda. Una derivación inevitable hacia alusiones al racismo, supremacismo, multiculturalismo o interculturalismo. Soy consciente que todos estos términos juntos marean o aluden a deseos de simplificar y aclarar pero me parece ahora mismo extremadamente complejo hacerlo. Y en mi caso es así porque siempre le di muchas vueltas a estos temas y de hecho me los fui encontrando en toda mi trayectoria profesional, muy especialmente en mi dedicación de 14 años en el barrio del Raval en Barcelona trabajando con infancia, adolescencia, familias y jóvenes desde diversos proyectos comunitarios, donde incorporé a mi vida un cúmulo de experiencias, personas,  creencias,  prejuicios y situaciones que me obligaron a replantearme infinidad de temas.
Sin duda, cuando el otro día se aludía desde la mesa a las ya clásicas fiestas “folclóricas” de representación de la diversidad cultural en escuelas y similares no pude reprimir una tristeza interna por ver que andábamos aún 25 años después en la misma idea de las famosas “Festes de la Diversitat” que organizaba antaño SOS Racisme y de las que tanto había yo participado tanto por compromiso social, como festivo y familiar por los lazos que me unían entonces a la directora de la organización. No pude reprimir tampoco recordar la multitud de veces que desde los proyectos del Raval, en unos primeros años de novedad habíamos animado a visibilizar y empoderar a las diversas comunidades del barrio para que fueran reconocidas y como con el pasar de los años comprendimos que ese no era sino un paso más que preliminar, sólo introductorio para poder tan sólo soñar con “normalidad” y que nuestra ingenuidad chocaba una y otra vez contra un sistema socioeconómico perpetuador de desigualdad y vasallaje.
En un momento de la conversación se hizo alusión a trabajar las “competencias interculturales” y rápidamente en una visión algo crítica recordé como había estudiado antaño los conceptos teóricos de multiculturalidad y interculturalidad dentro de mi propio desempeño profesional pretendiendo comprender esas lógicas y decidido (también con una extrema ingenuidad... mi pareja lo definiría como “chupiguays”) a poder convencer a los distintos equipos de la necesidad de orientar nuestro trabajo hacia la interculturalidad sin tener como objetivo el multiculturalismo ya que –creía yo- que no era esa una situación para alcanzar sino un hecho objetivo del momento. Entonces no caía mucho en la cuenta de la necesidad extrema de empoderar a los diversos colectivos, del tiempo necesario para que muchas personas se sintieran ciudadanas reales de esta sociedad, de la falta de líderes y referentes, de las trabas insalvables que el establishment ponía, pone y pondrá y de la extrema sutilidad en que a menudo se desenvuelven las redes del control social, el racismo y el poder. No era muy consciente aún puesto que desarrollaba mi trabajo con tanta pasión que tal vez me dejaba llevar por los cantos de sirena de los nuevos descubrimientos teóricos como la etnopsicología y etnopsiquiatría importados de Francia por un colaborador nuestro, antropólogo francés, que defendía que la salud mental y el concepto de bienestar occidental no eran muy compatibles con las realidades de las personas recién llegadas o las de sus hijos. Recordé esa tarde en un instante multitud de proyectos en que nos embarcamos para dar voz a niños y niñas, a sus familias, a jóvenes y adolescentes a la vez que animábamos su triunfo en lo académico como primer espacio de reconocimiento social, a la vez que fomentábamos (ya en una segunda fase) la participación social como eje fundamental para poder acceder a espacios de decisión y vinculación social y política. Estamos hablando de inicios de los años 2000 y por aquél entonces centramos esfuerzos en dirigirnos hacia la interculturalidad a través de proyectos artísticos (conciertos, acceso a la música y intercambios culturales, intergeneracionales, teatro y muy en especial en el acceso a la metodología del Teatro del Oprimido de Boal a jóvenes de la calle para poder expresar sus reivindicaciones...) en un contexto dónde la ciudad de Barcelona aclamaba músicas mestizas y proyectos parecidos en un boom multicultural y intercultural que parecía dar alas a proyectos de intervención socio educativa en esa área.
Y centrado en todos aquellos recuerdos y experiencias como educador-militante de juventud caí en la cuenta que nos habíamos descuidado de aspectos fundamentales como el hecho de detenernos infinitamente más en el reconocimiento, visualización, empoderamiento y surgimiento de líderes de comunidades diversas para que ellos tomaran el mando y en el hecho fundamental de la lucha contra la desigualdad porque si bien ello formaba parte del ADN de la organización para la que trabajábamos tal vez y pese a todos los esfuerzos aún hoy día ese resulta ser el aspecto fundamental que circunscribe a determinados ciudadanos a ser visualizados como “de segunda” y ello mantenga vivas ideas xenófobas y racistas que siempre estuvieron presentes y formaron parte de nuestra cultura con sutilidad en algunos casos y con violencia en otros.
Esta noche pienso en la situación actual de muchos de los que por aquél entonces eran niños y adolescentes y me pregunto qué ha cambiado para ellos; a qué tuvieron que renunciar para poder tener una vida digna los unos; en qué pozos cayeron por no gozar de igualdad de oportunidades los otros. Y sin llegar a mayores conclusiones me gustaría pensar que las nuevas generaciones de educadores y educadoras (hoy ya no militantes en su mayoría) aúnan esfuerzos para encontrar modelos de intervención que generen ascenso social, referentes culturales y líderes emergentes en los que otros jóvenes se puedan reconocer, espacios comunitarios de diálogo, conocimiento y intercambio así como una decidida apuesta por pedir políticas públicas en esta línea. Y por supuesto me gusta saber que muchos de esos nuevos profesionales jóvenes (estos sí más militantes) provienen de orígenes familiares diversos y disponen del conocimiento y la referencia para empoderar a sus comunidades de origen.
Y por último me pregunto por el futuro que nos espera con las referencias sangrantes del modelo francés dónde muchos franceses hijos y nietos de extranjeros se sienten hoy extraños y discriminados en su tierra o con la referencia británica de una amalgama de comunidades que conviven en paz pero de espaldas los unos a los otros. Ni en Catalunya ni en España disponemos de un modelo en el que trabajar. Sigue en construcción.