Mi libro "Peones y otros relatos" disponible aquí.
A estas alturas de mi vida profesional nadie me
va a poder discutir que nuestra labor cotidiana debe disponer de una carga
política evidente y sostenida. Y si alguien me quiere llevar la contraria, se
va a encontrar de frente con mi espalda y cogote.
Somos educadoras y educadores
sociales. Trabajamos en diversidad de servicios acompañando a personas
vulnerables y debemos creer y construir un sistema donde la igualdad de
oportunidades sea el faro que tomamos como referencia. Tema aparte podría ser
que todos estos profesionales dispongamos de unas condiciones laborales tan precarias
que nos acercan económicamente a la población con la que trabajamos, aunque
este tema ya es harina de otro costal.
Sobre la cuestión de nuestra
orientación política, creo que es mucho más que evidente que —ocupación obliga—
nuestro colectivo profesional se ubica (o debería estar ubicado) en las
posiciones progresistas más a la izquierda. ¡Ojo! Que no hablo de esta
pantomima de democracia typical
spanish que nos han vendido y que no es más que una partitocracia ridícula
y corrupta, sino más bien de un posicionamiento ético-moral y, por ende,
político. Una cosmovisión centrada en cómo el individuo convive en el colectivo
regido por unos valores —estos sí, teóricamente democráticos— como la libertad,
la igualdad, la justicia social, la fraternidad y la armonía social.
Así pues, en nuestra práctica
cotidiana debemos integrar esa mirada continuamente: en cada intervención, en
todo proyecto, en cualquier informe, con cada persona de la que somos
referentes. Y sí, es una obligación. La educación, y la educación social muy en
particular, es un constructo práctico surgido de una teoría histórica (la
Pedagogía Social) destinada a la movilización social, al cambio y a la
generación de oportunidades. Menuda mierda de profesionales seríamos si cada
día no tuviéramos todo ello muy, muy clarito en nuestros puestos de trabajo.
Cierto es que no cambiaremos
el mundo en una sola acción, pero tal vez la suma de miles de intervenciones
ayude a ello.
Tal vez los profesionales más
jóvenes no hayan bebido tanto de las fuentes teóricas críticas que los más
viejos sacralizamos allá por inicios de los noventa, pero da igual. Todos
juntos formamos un colectivo que trabaja en la brecha social más abyecta y
profunda. Tal vez poca gente en la sociedad disponga de una mirada tan clara como
la de nuestro colectivo para poder explicar cómo funciona la desigualdad
social, cómo se generan las problemáticas sociales, los disparadores de la
marginalidad, la brutalidad con la que el sistema expulsa al individuo de los
cauces de «la normalidad» o la injusticia hecha ley. Nosotros y nosotras
lidiamos con todo ello a diario.
Ya hace semanas que me voy
«cargando» observando lo que ocurre a mi alrededor: el auge de las derechas y
los partidos ultra en el Estado español y en medio mundo; los chavales jóvenes
en España blandiendo el brazo en alto proclamando consignas fascistas; los
jóvenes rebotados por el tema de la vivienda que por fin han salido a la calle
a ocupar las plazas de las ciudades más importantes; la dualidad y la
confrontación social cada vez más marcada y violenta en España, Francia,
Brasil, Albania, Argentina, Portugal, Alemania o Reino Unido; el genocidio
israelí que no impresiona a nuestros políticos; la psicopatía de las grandes
corporaciones, los gobiernos y las organizaciones mundiales…
Nos están llevando en
volandas hacia confrontaciones civiles violentas en el interior de cada Estado
y hacia preparaciones abyectas de supuestas guerras (en Alemania, Polonia,
Suecia y Gran Bretaña todo son avisos de una guerra inminente contra Rusia),
precisamente en el momento de la historia de mayor desarrollo económico,
industrial y tecnológico, en un contexto mundial donde lo único que debería
preocupar a los seres humanos debiera ser la supervivencia de nuestro planeta y
la distribución equilibrada de los recursos.
Pienso en todo ello y me
vienen a la cabeza asesinos como Trump, el israelí de nombre inventado y sus
secuaces, los payasos en la OTAN, la ONU, la UE, los títeres psicópatas de los
partidos políticos españoles, agitadores penosos de la extrema derecha, la
corrupción y la absoluta indiferencia y mirada acrítica de la gran mayoría de
la población… Esa mirada acrítica que el otro día hizo que casi me diera un
ictus cuando una de las chicas de mi centro de menores me acompañó a la hora del
almuerzo y, en medio de la conversación, me dijo que ella creía que lo mejor
sería —de poder votar, que por suerte aún tiene diecisiete añitos— escoger a
VOX.
Y es que no somos
conscientes de que nuestra intervención tiene un carácter político. Sí, por supuesto.
Porque trabajar con la persona, sus potencialidades, habilidades y cualidades
también incluye detenerse en la clarificación de valores, explorar la dignidad
personal y reconocerse en un determinado contexto social. Saberse clase
trabajadora, por ejemplo (lo que somos la inmensísima mayoría de españoles y
europeos, aunque a muchos les hayan hecho creer que por ser CEOs de una tienda, tener un
mayor salario o ser pequeños autónomos son «clase alta») y querer participar.
¡Qué digo querer participar! ¡Exigir participar en la construcción de su
Estado! Todo ello pasa por reconocerse como ciudadano de derecho, y nosotros
debemos acompañar a las personas para que así se visualicen.
Desconfiad de la escuela
pedagógica social o del profesional que solo hable de la parte «técnica». No
están trabajando para la educación social, sino para la educación industrial
que nos han impuesto, donde hay trabajadores más y menos cualificados, los amos
de los medios de producción (sí, ya sé, eso suena marxista) y luego están los
sobrantes (recordad el dibujo de Tonucci).
Lo dicho. Educadores y
educadoras sociales, seguid trabajando a tope, acompañemos con toda nuestra
voluntad y hagámoslo también —siempre— con una mirada crítica y de clase.
Recordad que todos estamos infinitamente más cerca de estar durmiendo en la
calle entre cartones que de hacerlo en una mansión de multimillonarios.
Mi libro "Peones y otros relatos" disponible aquí.